Leucocoprinus: pequeños hongos de ambientes cálidos y húmedos

Leucocoprinus sp.

A veces, basta con mirar de cerca una maceta para descubrir un pequeño ecosistema. Entre sus habitantes pueden aparecer los Leucocoprinus, un género de hongos saprófitos de la familia Agaricaceae que reúne alrededor de 40 especies.

Su aspecto resulta bastante característico: sombreros delgados y estriados, inicialmente cónicos y después extendidos en forma de sombrilla, con láminas libres generalmente blancas o de tonos muy pálidos. Suelen crecer de forma cespitosa, formando pequeños grupos de ejemplares unidos por los pies.

Como buenos saprófitos, obtienen sus nutrientes de materia orgánica muerta en descomposición. No parasitan las raíces de las plantas vivas y encuentran condiciones especialmente favorables en ambientes cálidos y húmedos, por lo que son frecuentes en sustratos de macetas de interior y en invernaderos.

Aunque su aspecto pueda resultar atractivo, no son hongos comestibles y su ingestión puede resultar tóxica, tanto para las personas como para los animales domésticos. Por ello, nunca deben consumirse.

¿Cómo distinguirlos de algunos hongos de aspecto parecido, como los del género Coprinus? Hay varias pistas:

Deliquescencia: en Coprinus, las láminas y el sombrero se deshacen rápidamente hasta convertirse en una especie de tinta. En Leucocoprinus no ocurre este proceso: el ejemplar se seca progresivamente.

Esporada: en Coprinus suele ser negra o marrón muy oscura, mientras que en Leucocoprinus es blanca, crema o ligeramente amarillenta.

Hábitat: Coprinus aparece habitualmente en exteriores, sobre suelos ricos, estiércol, césped o madera en descomposición. Leucocoprinus, en cambio, se encuentra con mucha frecuencia en sustratos de macetas y otros ambientes cálidos y húmedos.

Aun así, la identificación precisa de las especies de Leucocoprinus no siempre es sencilla: sus diferencias morfológicas pueden ser muy sutiles y, en muchos casos, es necesario recurrir a caracteres microscópicos.

La fotografía de naturaleza también permite descubrir estos pequeños descomponedores que, aunque discretos, desempeñan un papel fundamental en el reciclaje de la materia orgánica.

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