MARCASITA: EL BRILLO METÁLICO DE UN MINERAL FRÁGIL

Marcasita

A primera vista, la marcasita puede recordar a la pirita por su característico color amarillo latón y su intenso brillo metálico. Y no es casualidad: ambas tienen exactamente la misma composición química, sulfuro de hierro (FeS₂), pero presentan una estructura cristalina diferente. Son, por tanto, polimorfos.

La marcasita cristaliza en el sistema ortorrómbico y puede formar cristales tabulares o prismáticos. Una de sus formas más llamativas es la conocida como cresta de gallo, originada por el maclado de sus cristales, como en el ejemplar fotografiado.

Dentro de la clasificación de Strunz, se encuadra entre los sulfuros metálicos. Es un mineral duro y pesado, pero también bastante frágil y especialmente sensible a la humedad. En ambientes húmedos puede alterarse, oxidarse y llegar a desintegrarse con el tiempo. De ahí la importancia de conservar adecuadamente los ejemplares de colección.

Suele aparecer asociado a rocas sedimentarias, como arcillas y calizas, y ha tenido interés industrial como fuente de azufre para la obtención de ácido sulfúrico.

Su relación con el ser humano viene de muy atrás: existen evidencias de que minerales de este tipo se empleaban desde la Prehistoria para producir fuego mediante percusión. Más tarde, la singularidad de sus cristales y su aspecto brillante la convirtieron en una pieza apreciada por coleccionistas y también en un material utilizado en joyería, a veces combinada con plata para conseguir contrastes oscuros y metálicos.

Un pequeño recordatorio de que, en el mundo mineral, composición y estructura pueden contar historias muy diferentes aun cuando la química sea la misma.

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