
Entre ramas caídas y troncos en descomposición, aparece a veces una forma brillante que parece salida de otro mundo: Naematelia aurantia, un hongo gelatinoso que sorprende tanto por su aspecto como por su biología.
Conocido anteriormente como Tremella aurantia, pertenece al grupo de los heterobasidiomicetos dentro del orden Tremellales. Su cuerpo fructífero forma masas lobuladas de aspecto cerebriforme, con un llamativo color amarillo anaranjado que destaca intensamente sobre la madera oscura. Su tamaño suele oscilar entre los 5 y 10 cm.
Su textura es tan curiosa como su forma: blanda, viscosa y elástica cuando está húmeda, pero endurecida, opaca y más oscura al secarse. Sin embargo, este hongo guarda una interesante capacidad de resiliencia: tras la lluvia, puede rehidratarse y recuperar su brillo y consistencia original.
Desde el punto de vista ecológico, no es un simple habitante del bosque. Naematelia aurantia es una especie parásita que se desarrolla sobre otro hongo, Stereum hirsutum, el cual a su vez crece como saprófito sobre madera muerta de frondosas, especialmente del género Quercus. Esta relación lo diferencia de especies similares como Tremella mesenterica, que parasita a especies del género Peniophora.
Aunque carece de interés culinario debido a su textura gomosa y su escaso sabor, tradicionalmente se le han atribuido ciertas propiedades medicinales. Además, puede cultivarse, aunque sin diferencias notables respecto a los ejemplares silvestres.
Un recordatorio más de que, incluso en la discreta descomposición del bosque, la vida despliega formas y estrategias fascinantes… solo hay que saber mirar.
