
Entre los pliegues de la corteza de un árbol maduro puede encontrarse una auténtica joya de nuestros bosques: Lobaria pulmonaria, conocido como “liquen pulmonar”.
Este liquen de gran tamaño y aspecto foliáceo presenta un talo verde o grisáceo, ancho y lobulado, con una superficie reticulada que recuerda vagamente a la forma de los pulmones humanos.
Su naturaleza esconde una asociación fascinante: un hongo, un alga verde y una cianobacteria que conviven en una compleja relación simbiótica. Crece principalmente sobre árboles planifolios, como robles, hayas y arces, en bosques maduros, húmedos y bien conservados.
Su reproducción puede ser asexual, mediante estructuras como los isidios y los soredios, que permiten dispersar los componentes necesarios para originar nuevos líquenes, o sexual, a través de pequeños apotecios rojizos o pardos que producen esporas.
Pero su verdadero valor va más allá de su singular belleza. Lobaria pulmonaria es una especie sensible a la contaminación atmosférica y a las alteraciones del hábitat forestal. Su presencia puede aportar información muy valiosa sobre la continuidad ecológica del bosque, su grado de conservación y las condiciones ambientales. Por eso, su desaparición en numerosas regiones europeas constituye una señal de alerta sobre la degradación de estos ecosistemas.
A lo largo de la historia también se ha utilizado en la medicina tradicional y en distintos oficios, como la tintorería y la perfumería. Sin embargo, estos usos históricos no deben confundirse con una eficacia medicinal demostrada.
Observar un liquen como este es descubrir que los bosques guardan historias que solo se revelan a quien mira con atención. Proteger los árboles veteranos, conservar la humedad del bosque y reducir la contaminación también significa preservar estas pequeñas maravillas de la biodiversidad.
