
Cuando se piensa en una mariquita, suele venir a la mente el inconfundible insecto rojo con siete puntos negros. Se trata de Coccinella septempunctata, la especie de mariquita más común en Europa y una gran aliada de nuestros jardines y cultivos.
Pero antes de alcanzar su aspecto adulto, pasa por una fase larvaria muy diferente y, para muchos, sorprendente. Su cuerpo es alargado, aplanado y segmentado, con pequeñas protuberancias que le dan un aspecto que recuerda, curiosamente, al de un diminuto cocodrilo. Sus colores oscilan entre el gris oscuro o negro, con bandas amarillas, anaranjadas o rojizas.
Aunque al nacer apenas mide unos milímetros y carece de alas, esta larva se desplaza con gran agilidad entre las plantas en busca de su presa favorita: los pulgones. Durante sus cuatro fases de desarrollo puede llegar a devorar cerca de 3.000 pulgones, convirtiéndose en una extraordinaria depredadora y en uno de los controladores biológicos de plagas más eficaces que ofrece la propia naturaleza.
Observar estas pequeñas cazadoras permite descubrir que, muchas veces, los organismos más discretos desempeñan un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas. Una muestra más de que la naturaleza siempre guarda fascinantes historias para quien se detiene a mirar.
