
Entre las ramas y la corteza de los bosques de Filipinas se esconde un auténtico especialista en pasar desapercibido: Sungaya inexpectata, un insecto fásmido conocido como “insecto palo soleado” o “insecto corteza de Filipinas”.
Esta especie presenta un marcado dimorfismo sexual. La hembra, de aspecto más robusto, puede alcanzar entre 8 y 10 cm de longitud, mientras que el macho, como el de la fotografía, es más pequeño y esbelto, con una longitud de entre 6 y 7 cm.
Tanto machos como hembras carecen de alas y muestran tonos marrones, grises o verdosos que, junto con la forma de su cuerpo, les permiten mimetizarse de forma extraordinaria con la corteza y las ramas donde viven. Un ejemplo fascinante de cómo la evolución favorece la supervivencia.
De hábitos nocturnos, permanecen inmóviles durante el día, confiando en su extraordinario camuflaje, y se activan al anochecer para alimentarse de hojas de distintas plantas de su entorno.
Su reproducción también resulta sorprendente: además de hacerlo de forma sexual, las hembras pueden reproducirse por partenogénesis, dando lugar a descendencia sin necesidad de fecundación. Los huevos caen al suelo, donde completan su desarrollo durante varios meses hasta que emergen las pequeñas ninfas.
Gracias a su resistencia y sencillos cuidados, es una especie relativamente fácil de mantener en cautividad, siempre que disponga de un ambiente húmedo, abundantes ramas y una dieta basada en hojas de zarza, frambuesa, rosal, hiedra o roble.
¿Habías visto alguna vez un insecto tan perfectamente adaptado a desaparecer a plena vista?
