
En el vasto universo de los insectos, los Bombus, conocidos comúnmente como “abejorros” destacan como unos de los polinizadores más eficaces y carismáticos de la naturaleza. Este género de himenópteros, perteneciente a la familia Apidae, agrupa unas 37 especies documentadas en la Península Ibérica, incluyendo Baleares y Canarias, y una amplia presencia en toda Europa. Uno de los más conocidos y comunes es el Bombus terrestris, fácilmente reconocible por la punta blanquecina de su abdomen y su característico patrón de franjas: dos amarillas bien marcadas, una sobre el tórax y otra al inicio del abdomen y otras zonas blancas que completan su diseño inconfundible. Su cuerpo, grande, robusto y cubierto de pelo, puede alcanzar hasta los 30 mm de longitud, mientras que su trompa, especialmente adaptada para recolectar néctar, llega a medir hasta 10 mm.
Al igual que las abejas, los abejorros son insectos sociales que viven en colonias formadas por entre 300 y 400 individuos, organizadas en torno a una reina. A finales del verano, esta se dedica a poner distintos tipos de huevos: no fertilizados, que darán lugar a los machos; fertilizados, de los que nacerán las obreras estériles; y otros que, con una alimentación más rica, se convertirán en futuras reinas. Tras el apareamiento, estas nuevas reinas buscan lugares protegidos, como la hojarasca del bosque donde hibernar y preparar la fundación de una nueva colonia en la primavera siguiente. Mientras tanto, el resto de la colonia antigua muere, completando un ciclo vital de aproximadamente un año. Los nidos suelen instalarse en agujeros naturales del suelo, bajo raíces, en huecos de árboles viejos, cajas nido para aves o madrigueras abandonadas por pequeños mamíferos. Allí construyen celdas de cera, a menudo cubiertas con una mezcla de cera y restos vegetales que ayuda a regular la temperatura y proteger a las crías.
Los abejorros tienen un vuelo ruidoso a modo de zumbido debido a su tamaño y uno de los rasgos más sorprendentes del abejorro es su técnica de polinización por zumbido, un fenómeno en el que el insecto vibra con fuerza sobre la flor, liberando el polen de estructuras que, de otro modo, serían inaccesibles. Gracias a esta estrategia, son capaces de polinizar flores que otras especies no consiguen aprovechar. A los abejorros se les considera más eficientes en la polinización que las abejas ya que buscan principalmente polen en lugar de néctar y esto hace que transfieran más polen a los pistilos de las flores cuando las visitan y las polinizan, incluso en las condiciones climáticas más adversas, como bajas temperaturas bajas y lluvia. También se ha comprobado que visitan muchas más flores que las abejas y debido a su tamaño mayor pueden transportar mayor cantidad de polen. Por todo ello, se les considera polinizadores clave en cultivos de frutales, hortalizas y plantas forrajeras, siendo aliados imprescindibles en la agricultura moderna.
Aunque su tamaño pueda imponer respeto, los abejorros son inofensivos en la mayoría de las situaciones. Solo pican si se sienten directamente amenazados, y su picadura, aunque algo dolorosa, no suele provocar más que una molestia pasajera. Eso sí, en personas alérgicas a las picaduras de insectos, pueden causar reacciones severas, por lo que es fundamental acudir rápidamente a un centro médico en caso de síntomas adversos.
Así pues como conclusión podemos decir que son pequeños gigantes del ecosistema, los Bombus no solo embellecen los jardines y paisajes con su zumbido característico y su presencia peluda y simpática: también desempeñan una función ecológica y agrícola vital, siendo responsables de la fecundación de innumerables especies vegetales. Protegerlos y conocer su ciclo de vida no es solo una cuestión de interés científico, sino también de preservación de la biodiversidad y la seguridad alimentaria del planeta.
