
Apenas alcanza los 10 mm, pero su aspecto no pasa desapercibido. Psilothrix viridicoerulea es un pequeño escarabajo de la familia Melyridae, de cuerpo alargado y esbelto, cubierto de una fina pilosidad negruzca y con una característica coloración verde azulada metalizada.
Sus grandes ojos, antenas cortas y patas largas y delgadas completan una silueta especialmente elegante. Tanto el pronoto como los élitros presentan numerosos puntos y pelos negros erectos que contrastan con ese llamativo brillo metálico.
Los adultos llevan una vida estrechamente ligada a las flores: se alimentan principalmente de polen y néctar, aunque también pueden consumir pétalos y yemas. Es frecuente observarlos sobre margaritas, dientes de león y distintas crucíferas, donde contribuyen al proceso de polinización.
Pero su ciclo vital es aún más curioso. Las larvas tienen inicialmente hábitos necrófagos, aprovechando pequeños insectos muertos. Posteriormente pasan a alimentarse de tejidos vegetales y pueden excavar galerías longitudinales en los tallos de distintas plantas herbáceas.
Allí, protegidas en el interior de los tallos, completan su desarrollo y realizan la metamorfosis a finales del invierno. Con la llegada de la primavera emergen los nuevos adultos, dispuestos a regresar a las flores.
De distribución mediterránea y ampliamente extendido por Europa y la península ibérica, puede encontrarse en márgenes de caminos, prados y jardines próximos a zonas habitadas. Un ejemplo perfecto de cómo, incluso en los espacios más cotidianos, existe un mundo diminuto lleno de formas, colores y comportamientos sorprendentes.
