Collejas y cardillos

Hasta los años 60 y 70 era muy común la recolecta de cardillos y collejas que son variedades de plantas silvestres que hasta esos años solían ser habituales en los pucheros y cocinas de muchas casas con pocos recursos y que incluso sirvieron para saciar el hambre en época de escasez, todavía me acuerdo de mis maravillosos tiempos de niñez y juventud saliendo a buscar collejas y cardillos. Las collejas, nada más salir del colegio a mediodía me iba  a la tapia cercana a la Casa de Campo y allí recortaba en un momento las necesarias para llegar a casa, dejar mi cartera con los libros y darle a mi madre las collejas recogidas para que por la noche me hiciera una tortilla que era una auténtica delicia. Y los cardillos, con mi carnet de conducir recién estrenado, parabas el coche a la orilla del descampado e ibas a buscar los deliciosos cardillos rastreros para después de la recogida sentarnos al lado del coche para limpiarlos, quitarles las hojas sobrantes y la tierra y dejarlos listos para lavarlos en casa, cocerlos y comerlos. Solo por lo ricos que estaban, todos los pinchazos que nos habíamos llevado al limpiarlos merecían la pena y luego ni nos acordábamos de ello. Era, además de haber pasado un día al aire libre y haber visto algún que otro nido rastrero de codornices y totovías donde aprendías lo sabia que es la Naturaleza, además de disfrutar de lo que la misma te proporciona y cuyos conocimientos desgraciadamente se van perdiendo y olvidando poco a poco hoy en día al ser sustituidos por las monótonas búsquedas en Google al no salir tan habitualmente como hacíamos antes. Joder, qué recuerdos…..

Las collejas

Colleja, es el nombre común de la  especie Silene vulgaris que pertenece a la familia Caryophyllaceae. Es una planta perenne que no suele superar los 60 cm de altura de gruesos tallos subterráneos que se recolecta en primavera, con hojas de color verdoso-azulado claro, lanceoladas y puntiagudas, con bordes ligeramente aserrados, lisas sin pelos, con tallos simples o ramificados bastante resistentes verdosos que tienden a blanquear en su parte inferior y con  flores pedunculadas con cinco pétalos blancos parcialmente envueltos por un cáliz en forma de saco característico y fruto en forma de capsula a modo de vasija, en cuyo interior se alojan las semillas oscuras en gran cantidad y con forma arriñonada. Su origen es euroasiático y el clima mediterráneo favorece su crecimiento estando presente en todos los países limítrofes y muy extendidas por el terreno peninsular, además del norte y centro de África y particularmente en Norteamérica donde está  considerada una especie invasiva. Las collejas reciben también numerosos nombres populares;  farolillo, conejitos de campo, conejuelas, jarrabuey, petardos, campaninos, verdura, conejera, etc., dependiendo de las diferentes regiones españolas. Suelen crecer en  primavera cerca de los campos de cultivos, en bordes de caminos, cunetas de carreteras, herbazales, en terrenos no trabajados, al pie de los olivos donde suelen formar corros e incluso entre el trigo tierno. La época de recolección suele ser entre mediados de marzo y finales de mayo, siempre antes de su floración, son de crecimiento rápido y si no se arrancan los estolones o tallos subterráneos, vuelven a brotar fácilmente y no las favorece el sol ya que sus hojas serán más tiernas y con una textura más fina cuanto menos reciban sus rayos.

Cuando se las recolecta solamente han de cogerse las hojas tiernas y tallos muy jóvenes, ya que hojas y tallos más viejos tras su cocimiento estarían duros y amargos. En diferentes regiones españolas son cocinadas de múltiples formas, crudas en ensalada, cocidas durante un par de minutos con una pizca de sal y luego con aceite, en revuelto con huevo o en tortilla no desmerecen en absoluto a las espinacas, en guisos, potajes, en relleno de  empanadillas, incluso en algunas regiones encurten en vinagre sus estolones. Con un sabor muy rico, seguro que cuando las conozcáis y recolectéis repetiréis muchas veces tanto en cogerlas como en comerlas. Desde el punto de vista nutricional se las suele comparar con las espinacas y las acelgas por su aspecto y sabor al tener cierto parecido con ellas cuando son cocidas, además de ser ricas en fibras y oligoelementos. También se la conocen desde tiempos inmemoriales usos medicinales, tanto las hojas frescas o cocidas son consideradas como depurativas de la sangre y en infusión las hojas y flores actúan como calmante estomacal y purgante y el jugo de las hojas, suele actuar como antiséptico y  cicatrizante por lo que ha sido utilizado tradicionalmente como remedio casero para tratar las llagas, quemaduras y las verrugas. Además en tiempos pasados en las zonas rurales eran usadas también para alimentar conejos y cabras, así como para fabricar jabón, debido a que los estolones que las enraízan son ricos en saponinas vegetales que son limpiadores naturales.

Los cardillos

Reciben el nombre de Cardillos, los nervios centrales, una vez limpios, de las hojas de la planta Scolymus hispanicus, que es un cardo perteneciente a la familia de las Asteraceae. Se consiguen de las hojas de la base cuando el cardo es joven y tierno antes de que salga el tallo ya que posteriormente se vuelven duras y fibrosas por lo que ya no pueden ser consumidos. La planta llega a alcanzar hasta los dos metros, habitualmente está bastante ramificada desde la base y con múltiples hojas espinosas que inicialmente se desarrollan en su base pegadas al suelo, para ir creciendo junto con el desarrollo del tallo y lo que la caracteriza cuando la planta es joven es su nervio central de color violáceo rojizo que es la parte comestible. El tallo y las ramificaciones son altamente espinosas y dentadas algo más blandas en la parte inferior a ras del suelo, sus flores provistas de espinas están rodeadas por hojas espinosas también y de color amarillo que las hace diferenciase de las otras flores presentes en otras especies de cardos y que al secarse hacen que los frutos en forma de penacho se transformen en pelos para facilitar su dispersión por el aire. La planta está ampliamente distribuida por toda la Península Ibérica y en las Islas Baleares y Canarias, aunque en la Cornisa Cantábrica y gran parte de los Pirineos está ausente o es muy escasa, también se la encuentra por todos los países del Mediterráneo, centro de Europa, Norteamérica, Suramérica y Australia. Los cardillos también son conocidos por diferentes nombres tales como tagarninas, cardos zafraneros, cardo María, chicoria, cardo Cristo  o cardo de olla, entre otros, dependiendo de las diferentes regiones españolas. Aparecen en las  lindes, bordes de caminos, antiguas tierras de cultivo, claros de bosques y terrenos nitrogenados habituales del pastoreo de cabras y ovejas. 

Puesto que la parte comestible es el nervio central rojizo de las hojas, la forma de obtenerlos y consumir los cardillos es cortando con una navaja la roseta de hojas de la planta que se forma a ras del suelo cuando la planta es muy joven dejando la raíz  para que el próximo año vuelva a desarrollar nuevos cardillos, ya que estos se reproducen fácilmente bien por los brotes de la raíz o por las semillas de la planta. Puesto que las hojas son muy espinosas y pinchan bastante, es necesario eliminarlas; hay dos formas habituales de hacerlo, una poniéndose unos guantes y con una navaja pelar las hojas hasta dejar el nervio central comestible lo más limpio posible, la otra, la más típica y que ha sido usada tradicionalmente aunque a veces te pinchas, consiste en coger la roseta con una mano y con la otra mano desde la parte de la raíz cortada coger cada hoja con los dedos índice y pulgar y los vamos deslizando desde el centro hasta las puntas de las hojas, de  esta forma se van quedando los nervios limpios en forma de estrella sin espinas y con forma retorcida que es como se los conoce habitualmente. Una vez limpios y lavados, se separan los diferentes nervios que estaban fijos a la base cortada de la raíz, se cuecen  con una pizca de sal durante unos 20-30 minutos y a partir de aquí, se pueden echar al cocido, con arroz, en potajes donde se añaden al mitad de la cocción, también rehogados en una sartén con aceite y ajos picados, en revuelto o en tortilla, aunque últimamente también se han incluido por los chefs en recetas más novedosas y sofisticadas. Su sabor es bastante rico por lo que una vez que los conozcáis y recolectéis seguro que repetiréis muchas veces tanto en cogerlos como en comerlos. En las zonas rurales donde su consumo era y sigue siendo muy habitual, los restos vegetales de la limpieza se usan también como forraje o pienso de los animales de granja, cerdos, conejos, gallinas, etc. Y también sirven como uso medicinal por sus grandes propiedades diuréticas mediante la infusión de sus raíces y hojas, además de que su látex ha sido empleado tradicionalmente para cuajar la leche.

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