Cornicabra: cuando un insecto modela el árbol

Agallas Pistacia terebinthus (Cornicabra)

La Pistacia terebinthus, conocida popularmente como “cornicabra”, es un pequeño árbol o arbusto mediterráneo de la familia Anacardiaceae. A simple vista puede llamar la atención por unas curiosas estructuras que aparecen en sus hojas: “las agallas”, crecimientos anómalos que parecen auténticos cuernos de cabra.

Estas agallas, alargadas y a menudo curvadas, comienzan siendo de un verde intenso y con el tiempo adquieren un llamativo tono rojo carmín. Su origen no está en el fruto del árbol, como a menudo se cree, sino en la interacción con pequeños insectos: principalmente pulgones como Baizongia pistaciae. Al picar los brotes en primavera, estos insectos inyectan sustancias que provocan una hipertrofia del tejido vegetal, transformando la hoja en una estructura que les sirve de refugio y alimento.

Dentro de la agalla, el pulgón se reproduce por partenogénesis, protegido del exterior. En otoño, la estructura se seca y se abre, liberando insectos alados que migran hacia las raíces de gramíneas para completar su ciclo vital. Otras especies de pulgones, como Forda marginata o Paracletus cimiciformis, también generan agallas en la cornicabra, aunque con formas distintas, arriñonadas o en bolsa.

Aunque se trata de un fenómeno parasitario, estas agallas rara vez causan daños graves al arbusto. Además, su riqueza en taninos y trementina hizo que durante siglos se utilizaran para curtir pieles, elaborar tintes y barnices, y en la medicina popular como astringentes.

Un pequeño ejemplo de cómo la naturaleza, incluso en sus relaciones más complejas, crea formas sorprendentes y llenas de historia.

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