El arte del camuflaje: Theloderma corticale, la rana que parece musgo

En lo profundo de las selvas tropicales del norte de Vietnam, el sur de China y Laos, vive un anfibio que podría pasar desapercibido incluso ante ojos entrenados. A simple vista, parece un fragmento de musgo adherido a una roca o a la corteza de un árbol. Pero si uno se detiene lo suficiente, descubre que ese trozo de vegetación tiene ojos. Se trata de Theloderma corticale, comúnmente conocida como rana musgo”, una verdadera joya de la evolución.

Esta rana, perteneciente a la familia Rhacophoridae, ha desarrollado una de las estrategias de camuflaje más eficaces del reino animal. Su piel presenta una superficie rugosa y con protuberancias irregulares, acompañada de una coloración en tonos verdes, grises y marrones que imitan con sorprendente fidelidad al musgo húmedo y las cortezas en descomposición de los árboles donde vive. Gracias a esta adaptación, resulta prácticamente invisible tanto para sus depredadores como para sus presas, principalmente insectos.

Más allá de su aspecto extraordinario, la Theloderma corticale también destaca por otras particularidades. Es de hábitos nocturnos y pasa el día inmóvil, escondida entre la vegetación. Por la noche, cobra vida y se desplaza con agilidad gracias a sus grandes almohadillas adhesivas en los dedos, ideales para trepar por superficies húmedas. Sus ojos prominentes le permiten detectar el más mínimo movimiento en su entorno, algo fundamental tanto para cazar como para evitar ser cazada.

Durante la temporada de reproducción, esta especie busca cavidades en rocas o huecos de árboles donde se acumula el agua de lluvia. Allí deposita sus huevos, protegidos en pequeños charcos naturales. En condiciones controladas, como en terrarios bien mantenidos, se sabe que pueden vivir hasta 20 años, una longevidad notable para un anuro.

Además de su peculiar belleza, Theloderma corticale cumple un papel ecológico importante como controladora de poblaciones de insectos y como bioindicadora de la salud de los ecosistemas. Su sensibilidad a los cambios ambientales la hace especialmente vulnerable a la deforestación y al cambio climático, por lo que su conservación no solo protege una especie única, sino también el equilibrio ecológico de los bosques que habita.

Curiosamente, cuando se siente amenazada, esta rana emplea una técnica aún más llamativa: se hace la muerta, encogiéndose y adoptando la forma de un ovillo. Así, suma el engaño conductual al visual, completando su sofisticado repertorio de defensa.

En un mundo que muchas veces solo mira lo grande, Theloderma corticale nos invita a descubrir lo asombroso de lo pequeño. Basta con agacharse, observar… y maravillarse.

 

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