
Bajo la apariencia de una sencilla costra sobre la piedra se esconde un pequeño organismo de extraordinaria capacidad de adaptación: Myriolecis antiqua, anteriormente conocida como Lecanora antiqua, un liquen crustáceo perteneciente a la familia Lecanoraceae.
Esta especie crece firmemente adherida a superficies minerales de naturaleza básica o alcalina, especialmente sobre rocas calizas y mamposterías antiguas. Es frecuente encontrarla en las juntas de mortero de cal de construcciones históricas, iglesias y muros de piedra, donde la lenta disolución de la cal por el agua de lluvia genera unas condiciones microambientales favorables para su desarrollo.
Como ocurre en todos los líquenes, se trata de una asociación entre un hongo y un organismo fotosintético, en este caso un alga verde unicelular, habitualmente del género Trebouxia. Una colaboración biológica que permite colonizar ambientes aparentemente poco propicios para la vida.
Su talo, que puede ser blanquecino o gris crema, presenta una estructura gruesa y dividida en pequeñas áreas o areolas, con una superficie lisa o verrugosa. En ocasiones puede quedar poco desarrollado o incluso pasar prácticamente inadvertido. Su reproducción sexual se realiza mediante apotecios, unas estructuras en forma de pequeños discos, generalmente agrupados, con tonalidades que van del crema parduzco al ligeramente verdoso y, a menudo, cubiertos de una fina pruina.
Presenta una amplia distribución europea, especialmente en regiones templadas y de influencia oceánica de Europa occidental, incluyendo la península ibérica y las islas británicas.
Un ejemplo más de cómo la biodiversidad encuentra su espacio incluso en las superficies más discretas de nuestro entorno. Hasta los viejos muros y las piedras aparentemente inertes pueden albergar pequeños ecosistemas llenos de vida.
